jueves, diciembre 9

Volverás a darme vida... Salmo 71:20


Nuestra compañera Vanina Ferri, coordinadora en Madrid, lleva un tiempo visitando de forma periódica la residencia de ancianos de Cobeña. Allí pasa tiempo con los mayores, les escucha, les anima, les consuela, y lo que es aún más importante, les muestra el amor de Dios.

Estas son las palabras de Vanina, en las que nos cuenta su experiencia en la residencia, y cómo Dios está tocando las vidas de aquellas personas:

"Dios suple nuestras necesidades y nos da lo mejor. Estoy sumamente agradecida al Señor porque ha puesto a mi lado una gran compañera de trabajo, ella es animadora sociocultural, con experiencia en resicendias de ancianos. Pero por si esto no fuera suficiente, también tiene el requisito más importante para hacer bien este trabajo: pasión por los abuelos y por sus almas!. Ella y yo como voluntarias somos el equipo, además de otras voluntarias ocasionales que se unen de vez en cuando.

En el grupo hay un promedio de 10 a 12 ancianos que esperan con ansias las tardes de los jueves, que es cuando nos reunimos con ellos. Estamos viendo cambios considerables en sus vidas, teniendo en cuenta que son personas entre 75 y 95 años. A pesar de la edad, y de que las costumbres y formas de pensar, en esta etapa de la vida ya están más que enraizadas, son capaces de razonar, y vemos cómo el Espíritu Santo obra en sus mentes y sus corazones, trayendo luz y transformando sus vidas.

Es apasionante ver cómo Enrique, uno de los ancianos con los que trabajamos, teniendo 76 años pudo entender el perdón. Él mismo decía: "Tantos años y ahora es cuando he conocido lo que es perdondar...". Ver a una persona de esta edad llorando, arrepentido por las cosas que ha hecho en su vida realmente impacta.

No hay mayor satisfacción para nosotras que ser testigos de personas que entregran su vida a Dios."

Damos gracias a Dios de que afortunadamente para Él nunca es demasiado tarde para ofrecer una nueva oportunidad. Y de que a pesar de la edad, y del olvido que sufren muchas personas, en el corazón de Dios siempre está presente el nombre y apellido de aquellos que son suyos.

En la foto arriba aparece Enrique, a la derecha de Vanina con una gorra.

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